Consumo de alcohol en la cuarentena por COVID-19. Encuesta en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

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Entrevista con Ana Clara Camarotti, Daniel Jones, Martín Güelman, Paloma Dulbecco y Santiago Cunial.
CONICET – Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Instituto de Investigaciones Gino Germani.

Consumo de alcohol en la cuarentena por COVID-19. Encuesta en el Área Metropolitana de Buenos Aires (mayo, 2020).

El objetivo de este estudio fue relevar y comparar el consumo de bebidas alcohólicas antes y durante la cuarentena. Realizamos una encuesta online a población de 18 años o más, residente en el Área Metropolitana de Buenos Aires durante la cuarentena. La muestra fue no probabilística. El número de personas que respondieron la encuesta fue de 4613. El perfil general de las personas entrevistadas corresponde a sectores medios con alto nivel educativo.

1) ¿Por qué decidieron relevar el consumo de alcohol durante la cuarentena?

Daniel Jones: Cuando había transcurrido un mes de la cuarentena, empezamos a percibir en las redes sociales virtuales y en charlas con nuestras amistades cómo se bromeaba sobre el mayor consumo de alcohol. La circulación muy extendida de memes en los grupos de Whatsapp nos llamó la atención. Así nos propusimos indagar si tras esas alusiones a través del humor algo estaba cambiando.

Ana Clara Camarotti: Buscamos relevar y comparar el consumo de bebidas alcohólicas antes y durante la cuarentena. Dada la situación de aislamiento social obligatorio que alteraba la vida cotidiana de un modo, hasta ahora, no conocido. Entonces con el equipo de investigación con el que estamos trabajando hace varios años decidimos hacer una encuesta autoadministrada online para relevar lo que estaba ocurriendo en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Logramos que un total de 4613 personas respondan la encuesta.

Martín Güelman: Un elemento que queremos remarcar es que se trató de un estudio exploratorio y que la muestra fue no probabilística, es decir, no nos permite generalizar los resultados a un conjunto más amplio. Al analizar los resultados, es fundamental tener en cuenta que accedimos a un grupo poblacional con características particulares. Por ejemplo, 6 de cada 10 tenían estudios universitarios o terciarios completos.

2) ¿Y por qué se focalizaron exclusivamente en una sustancia legal (como el alcohol) y no en las drogas ilegales?

Ana Clara: Como equipo venimos de una larga trayectoria de investigación sobre drogas ilegalizadas y legales: consumo de cocaína endovenosa y VIH/sida, drogas de diseño recreativas en sectores medios y medios altos, consumo de alcohol adolescente y, en los últimos tiempos, consumo de cocaínas fumables en poblaciones de alta vulnerabilidad. En todos los estudios, el consumo de alcohol está siempre presente, permeando las distintas clases sociales, las distintas edades y los géneros. Cuando revisamos las estadísticas, vemos que el alcohol es la droga más consumida a nivel mundial y sus efectos problemáticos son altísimos para la salud pública. Por ello, desde hacía tiempo teníamos muchas ganas de hacer un trabajo de investigación específicamente sobre consumo de alcohol.

Daniel: En las clases medias, en general, el consumo de alcohol no es visto como problemático, salvo situaciones muy excepcionales (donde ya se considera alcoholismo). Por ejemplo, un varón puede jactarse de su “cultura alcohólica” que se reflejaría en la resistencia física para no emborracharse, pese a haber tomado mucha cantidad de alcohol. Un grupo de mujeres jóvenes o de mediana edad pueden salir a un bar de tragos y mostrarlo en su Instagram. Vivimos en una cultura donde el consumo de alcohol, a diferencia de las drogas ilegalizadas, tiene alta legitimidad.

Ana Clara: No podemos descuidar el rol de la industria de las bebidas alcohólicas. Esta juega un papel significativo en el aumento sostenido de este consumo. Resulta clave que el Estado tenga un lugar prioritario en la regulación y el control de las sustancias, así como en la planificación de políticas de prevención y cuidado y para regular su publicidad y venta.

Daniel: Por el perfil de la muestra, como dijimos, terminamos explorando las prácticas de consumo de un grupo al que se le presta poca atención en los estudios sobre drogas:  una clase media porteña que pasó por la universidad.

3) ¿Cuáles fueron los hallazgos más significativos del estudio?

Santiago Cunial: En particular, las similitudes en la evolución de los dos extremos de la frecuencia del consumo –entre quienes no consumen y quienes consumen todos los días. Esto da cuenta de la multidimensionalidad de la cuestión y la no linealidad del fenómeno. Por ejemplo, las razones que esbozan quienes consumen con mayor regularidad para justificar sus prácticas son las mismas que recuperan aquellos que no consumen.

Ana Clara: Y en línea con lo que dice Santiago, la cuestión de la edad también nos sorprendió, ya que son los más jóvenes quienes en mayor medida dejaron de consumir alcohol durante la cuarentena. Y cuando consultamos sobre las razones de por qué no están consumiendo o están consumiendo menos alcohol, la falta de salidas y eventos sociales es la opción más mencionada por los más jóvenes, lo que corrobora la fuerte asociación entre salidas sociales, esparcimiento y consumo de alcohol juvenil. Los que aumentaron el consumo de todos los días son especialmente los adultos de mediana edad.

Martín: Otro aspecto que nos llamó la atención fue que el aumento del consumo se produjo en dos grupos muy distintos en relación con la situación laboral: quienes se encuentran trabajando más horas que antes de la cuarentena y quienes vieron reducida su jornada de trabajo. Mientras que los primeros aludieron a la sobrecarga de trabajo y la afectación emocional provocada por la cuarentena, los segundos hicieron referencia a la desorganización y la falta de una rutina estable.

Paloma Dulbecco: En términos de perspectiva de género, nos resultó particularmente llamativo que quienes dijeron haber reducido el volumen de alcohol a partir de la cuarentena para cuidar su salud son, especialmente, los varones. En función de nuestra experiencia en investigación en salud son, en general, las mujeres quienes muestran una mayor preocupación por el cuidado de la salud (propia y de sus familiares) y en torno a quienes, en términos sociales, se construye el rol de cuidado, no sólo familiar sino también comunitario.

4) En vistas de los resultados de la encuesta y proyectando escenarios futuros, ¿creen que el aumento del consumo de alcohol traerá aparejadas consecuencias sociales?

Santiago: No necesariamente. Si prestamos atención al hecho que 9 de cada 10 encuestados que aumentaron el consumo consideran que no es problemático, podríamos entrever cierto consumo “controlado”, por así decirlo. En todo caso, que el aumento de consumo repercuta de alguna forma a nivel social será condicional a la evolución del contexto socioeconómico más general.

Paloma: Me parece interesante en términos analíticos poder mirar a través del propio fenómeno: qué otros discursos y sesgos se ponen en juego e intervienen en la construcción del fenómeno del aumento del consumo de alcohol. Pongo un ejemplo: el hecho de que para señalar lo excesivo del consumo en conversaciones y grupos de Whatsapp se suele recurrir al uso humorístico de “stickers” de figuras públicas que son mujeres. Si se reemplazaran esos stickers por otros de personalidades políticas o periodísticas que fuesen varones, ¿tendrían los mismos efectos e impactos? Por eso, además de los resultados sociales que podría tener un aumento en el consumo de bebidas alcohólicas, me parece interesante analizar cuál es el perfil que se construye como problemático/no problemático según quiénes protagonizan los consumos de distintas sustancias, donde el género, la clase social, la edad, son todas variables que inciden.

Martín: Creemos que es necesario relativizar la idea de que se produjo un aumento del consumo. Frente a ciertos prejuicios instalados, nos interesa remarcar que se cuadruplicó el número de jóvenes de 18 a 24 años que no consume bebidas alcohólicas. Por otro lado, también se cuadruplicó el número de adultos de 35 a 44 años que consumen todos los días. En función de estas tendencias divergentes, resulta difícil proyectar escenarios generales, sobre todo, en un contexto tan excepcional como el que estamos viviendo.

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