Entrevista a Nicolás Farji Trubba

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Entrevista a Nicolás Farji Trubba

Presentamos la entrevista que hicimos con Nicolás Farji Trubba, psicólogo de planta del Hospital Ramos Mejía, docente y compilador del libro “Consumos problemáticos. Del fenómeno social a la operación singular”. La producción académica y la experiencia clínica de Farji Trubba permiten reflexionar sobre los caminos alternativos a la abstención como forma única de abordar el consumo y sobre la importancia estratégica de pensar en los sujetos y no en las sustancias. 

1- En un texto propusiste pensar el consumo problemático como un concepto dinámico. ¿Qué ventajas tiene esta perspectiva?
Pensar un consumo problemático como algo dinámico significa poder salirnos del embrollo mismo que consiste en definir qué es un consumo problemático. Lo planteo como un hecho de la práctica clínica, ya que un consumo puede ir cumpliendo diversas funciones en la vida de una persona, es un vínculo muy íntimo y con muchas aristas, cuasi una relación “amorosa”. Muchas veces por fuera del sujeto (familia, instituciones, etc) se tiende a calificar de problemático un consumo cuando este pareciera ser disfuncional para estos otros. Hay que contemplar que por más que un consumo nos parezca mortífero, en algunos casos este puede estar al servicio de evitar un mal mayor, es decir que el uso de sustancias psicoactivas puede constituirse como una solución subjetiva. Cómo “problematiza” alguien esta relación nunca coincide con el discurso de la referencia social. Por eso pienso que lo problemático del consumo nunca podría ser “estático”. Creo es un desafío para todos los que nos interesa el tema evitar que el sintagma “consumidor problemático de drogas” termine pareciéndose al ya vetusto Adicto.
Encuentro una doble ventaja para quién se oriente desde esta posición. En primer lugar ayuda a los profesionales de la salud a soportar esta “x”, poder abstenerse de cualquier certeza brinda libertad a nuestra tarea. En segundo lugar, para los usuarios de drogas que soliciten asistencia significa poder “zafar” del discurso abstencionista y –de esta forma– encontrar un espacio de escucha vaciado de ideales, donde se respete la singularidad de su práctica de consumo. Pero es una tarea personal el poder identificar cuando ese consumo ya no está al servicio del placer, que es en general cuando se produce la consulta con un profesional.

2- ¿Cuáles son las críticas que se pueden hacer desde la experiencia clínica al paradigma abstencionista?, ¿cómo se explica el fracaso de la idea de que el cese del consumo es la forma idónea para tratar el consumo de sustancias?
En relación a lo que comentaba antes, el paradigma abstencionista tiende a la homogenización de las personas, “todo consumidor es un adicto…o ex-adicto”. Se ubica la causa del problema en la sustancia. Desde el psicoanálisis tenemos otra orientación, no existe el “para todos” y pensamos que problematizar un consumo le corresponde al sujeto, el saber está de su lado. Nosotros acompañamos ese proceso, pero no somos ejemplos de nada. Los que ponderan el abstencionismo mantienen una posición muy rígida, plagada de moral. En general imponen tratamientos con internaciones prolongadas con el objetivo de aislar al usuario de drogas en una burbuja bajo el lema de la “rehabilitación o reeducación social”.
Desde mi experiencia clínica puedo decir que para algunos pacientes sirven este tipo de dispositivos, a otros no les sirve para nada. Creo que el fracaso se explica justamente en que se basan en un Ideal, que es por definición algo inalcanzable. Más que trabajar el cese del consumo obligatorio, yo sugeriría apostar a la prevención y brindar información acerca de los riesgos asociados al consumo.

3- ¿Cuáles son las alternativas terapeúticas al abstencionismo?, ¿qué dinámicas y qué abordajes pueden ser útiles en los dispositivos terapeúticos?
La alternativa deberían ser dispositivos con carácter más inclusivo. Sugiero que los equipos de trabajo se conformen de manera interdisciplinaria, dado que se trata de una problemática compleja donde generalmente se requiere de la intervención médica, psicofarmacológica, psicólogica, toxicológica, del área de trabajo social, de los terapistas ocupacionales, etc. Los abordajes terapeúticos deben tender a que las internaciones sean lo más breves posibles, preservando de este modo las redes que el paciente posee; me refiero a lo laboral y vínculos sociales. Deberían proliferar los dispositivos de Centros de día o Ambulatorios, cosa que no pasa. La tolerancia cero propicia dispositivos donde el tratamiento comienza por el encierro.
Es increíble y triste a la vez escuchar testimonios de pacientes que refieren haber sido llevados involuntariamente y depositados en Comunidades Terapéuticas u otro tipo de Clínicas de Internación donde escaseaban o directamente no había personal profesional, llegando a límites intolerables respecto de las condiciones de habitabilidad o de las actividades que allí se realizan, que nada tienen de terapéutico.

4- ¿Qué políticas públicas son necesarias para que se puedan abordar los consumos problemáticos respetando los derechos humanos de los sujetos?
Las políticas públicas deberían tender a la creación de estos Centros de día y dejar de destinar recursos a dispositivos de internación prolongada o a las fuerzas de seguridad. Para que esto ocurra todos los actores involucrados nos debemos que se avance de una vez por todas en la modificación y/o derogación de la Ley de estupefacientes 23.737 –que criminaliza al consumidor. También debemos apostar a políticas de prevención bajo el paradigma de Reducción de Riesgos y Daños, que garantiza el respeto por los DD.HH de los ciudadanos.

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